Grand Pic d´Ossau (2.884 m), Cara Norte y la Fourche

Recorrer la impresionante cara norte del midi d’ossau por sus debilidades ofrece la posibilidad única de escudriñar las vías más  brutales del pirineo. La vira de embarradere corta la basta cara ONO donde residen algunas de sus rutas más iconicas, desde el espolón norte integral, la ravier-bellefon o el pilar de embarradere; y más a la derecha el espolón norte del Petit. Curiosamente las dificultades de este itinerario son reducidas, aunque no hay que olvidar que nos encontramos en territorio midi y que nunca debemos desdeñar los IIIs ni los IVs….

Aprovechando un día libre Txus, Oskar y el menda nos acercamos a Portalet para dar respiro a las piernas y a la mente…por estas fechas veraniegas, estas salidas perimten no perder la forma jjj.
Primera ascension: Henri Brulle, Celestin Passet y R. D´Astorg en 1896.
Desnivel y dificultad: 650 m, máx IV. Demasiado fácil como para escalar y demasiado difícil para andar. Hay un par de zonas en las que echaremos las manos a la roca. Justo antes de llegar al Piton de la Fourche las dificultades rondan el IV. No subestimar: es una gran pared y el terreno es de aventura.
Aproximación: desde el Col de Souzon, continuamos hacia la ruta normal que dejamos en un hito para seguir por un sendero que flanquea la vertiente este hasta alcanzar la Brecha de Moundelhs. Desde aquí descenderemos a una pedrera y ascenderemos a la Brecha de los Austriacos. Unos metros más abajo comienza la ruta en una placa de III.
Material: 6 cintas exprés, 6 friends peq/med y una cuerda ligera.
El arranque de la vía ofrece varias opciones. Lo normal será arrancar desde unos metros antes de la brecha de los Austriacos. Nosotros lo hacemos un poco antes en un corredor diedro. Llegamos así a un terreno sinuoso y a ratos herboso.
Llegamos a una chimenea característica de III+ que nos da acceso a una zona amplia con trepadas fáciles: siempre en dirección a una aguja característica…
Ascendemos a la aguja sin grandes dificultades III+ y continuamos (sin perder altura) hacia la izquierda, en diagonal ascendente…
El terreno se vuelve aun más sencillo y continuamos siguiendo hitos, hasta alcanzar el espolón norte integral del Grand Pic. En este punto se puede continuar la por la Norte Clásica, hasta la cima. Esta ruta la realicé en invierno hace un porrón de años y también disfruté un montón…Desde este punto las vistas son apoteósicas!
Aquí supongo que también hay varias opciones para descender a la Vira de Embarradere. Seguimos unos hitos y tras un paso con ambiente, nos encontramos ya en la amplia vira.
Cuando la vira comienza a ser ascendente apuramos hasta colocarnos la cuerda en un estrechamiento. Ascendemos sin mayores dificultades (III) y alcanzamos el último estrechamiento (con nieve). En este punto escalamos la pared de la derecha por un muro bien bonito (III+/IV) que se hace corto. Hay 3 clavos…y alcanzamos así la aristilla de la Piton de la Fourche: uno de esos enclaves del Pirineo con solera.
Desde este punto, ascendemos sin problemas a las placas grises características. Un larguito ya conocido y trepadas para navegar hasta la cima del Grand Pic.
Terminamos así una nueva jornada en el Midi, donde lo más importante ha sido salir y compartir con los buenos amigos un gran día de montaña…
Horario: 10 horas en total: 2 h de aproximación, 5 h de escalada a cima y 3 h de descenso hasta el coche.
Referencias bibliográficas: “Los Pirineos. Las 100 mejores ascensiones y excursiones”, de Patrice de Bellefon

Monte Perdido (3.355 m), por las Escaleras

Una alternativa a la concurrida Escupidera del Monte Perdido es la ruta de las escaleras. Una recomendable opción para conocer la vertiente más fotografiada de esta codiciada cima pirenaica.

En esta ocasión Zuriñe y yo aprovechamos un huequillo en la agenda para hacer una visita relámpago, de esas que tanto nos gusta hacer de vez en cuando. Desde los miradores de Ordesa (2.200 m), a donde llegamos en bus desde el recóndito pueblecito de Nerín, la vista de las 3 sorores (Cilindro, Monte Perdido y Añisclo) nos acompaña el resto del día.

Desde aquí al refugio de Goriz nos separa un cómodo paseo de 1,5-2 horas. Ascendemos entonces por la ruta normal hasta la cota 2400, desde donde enfilamos un corredor pedrera que nos planta a los pies de la Punta de las Escaleras (3027 m). Se remontan unas pendientes que se van interrumpiendo con pequeños resaltes sin grandes dificultades (máx III en el primero de ellos).

Alcanzamos así un muro vertical alargado que se supera cómodamente por el oeste (izda) y que nos deja en una cómoda cresta.

Ya en la cima de la Punta Escaleras (3.027 m) apreciamos perfectamente la vertiente sur del MPerdido y las dos chimeneas que nos quedan por superar.

Destrepamos a un colladito y continuamos andando hacia la primera chimenea (III+), algo encajonada y con terreno un poco descompuesto.

Seguimos y en pocos minutos alcanzamos la última de las dificultades: un murito con buenos agarres y protegido con una cuerda (III). Superado este escollo, la cima del perdido nos quedará a pocos minutos.

Descenso: por la Escupidera (piolets y crampones).

Horario: 5:45 desde el mirador de Ordesa hasta cima; y 5 horas descenso al punto de inicio.

Vignemale (3.298 m). las 7 cuevas de Russel o un paseo entre las nubes

Panorámica del glaciar de Ossoue extraida de la web para ilustrar el artículo...2009/08/15

Como todos los años por estas fechas pre-vacacionales rescatamos alguna ruta pirenaica original y asequible, para dar a conocer rincones muy “apetecibles” sin necesidad de escalar itinerarios difíciles. Y ya, si la ruta la “vestimos” con un punto de historia pirenaica, y la montaña es el Vignemale, la salida puede resultar realmente apoteósica; y aún más si, como en el caso de Zuriñe y yo, lo hacemos con grandes amigos como Iker y Leire.

En esta ocasión recorremos las 7 cuevas que mandó construir el entusiasta Henry Russel en el siglo XIX y pasamos la noche en la que llamó Le Paradis, situada apenas 18 metros por debajo de la misma cima del Vignemale.

Desnivel y dificultad: 1.500 m, sendero sin mayores complicaciones. El glaciar debe afrontarse con las precauciones habituales teniendo en cuenta las condiciones de la nieve en esa temporada: ojo en días con niebla en la parte superior (muy traicionero).

Zuriñe durante la aproximación...el día promete!

Punto de partida: Barrage de Ossoue a 1.834 m: desde Gavarnie seguir la carretera que conduce a la estación de esquí y desviarse en una curva cerrada, para continuar por Oullettes de Ossoue hasta la presa. Dependiendo de las condiciones de la nieve y los desprendimientos, la carretera puede estar cortada: ojo porque son 8 km desde el cruce.

Litografía de la época. Fuente: http://frab.aquitaine.fr/

Henry Russel, cansado de explorar las grandes cimas pirenaicas (su primera al Vignemale sería en 1861), hizo construir entre 1881 y 1893 siete cuevas en el macizo de Vignemale, la montaña de sus sueños, ilusiones y obsesiones. Su objetivo: pasar su jubilación al abrigo de las montañas.

Las 3 primeras cuevas se encuentran poco antes de enfilar los últimos metros hacia el refugio de Baysellance, a 2.400 m, en la cabecera del glaciar de Ossau. Cuando el glaciar cubría las cuevas superiores, 800 m más arriba, Russell, ni corto ni perezoso, mandó construir éstas en 1888. Pasarían a conocerse como las cuevas de Bellevue. Allí montaba buenas juergas con sus amigos más íntimos, entre ellos Bazillac, los Passet,…

Iker pasando por delante de las cuevas de Bellevue...

El glaciar de Ossoue...

Continuamos la marcha y nos adentramos en terreno glaciar. El día es magnífico aunque empiezan a aparecer nubes de tormenta. Las primeras cuevas en construirse se ubican en la parte más alta del glaciar, a 3205 m en el collado de Cerbillona.

Primeros metros del glaciar, por debajo de la vertiente sur del Petit Vignemale.

subimos sin prisa y disfrutando del paisaje...

Las cuevas de Russell hoy nos protegerán de la tormenta!

Un glaciar en retroceso que aun mantiene grietas profundas...

Una vez que se superan las pendientes más fuertes se alcanza una amplia plataforma...

Una vez que se superan las pendientes más fuertes se alcanza una amplia plataforma entre el panorama de un buen ramillete de cumbres de más de 3.000 metros: Monferrant, Punta Central, Cerbillona, Clot de la Hount, Pic Longue (Vignemale), Pitón Carré, Punta Chausenque y Petit Vignemale más abajo…al fondo se aprecian ya las primeras 3 cuevas de Russell.

Pitón Carré y la salida del Couloir du Gaube...

Al fondo el collado de Cerbillona...

El glaciar ha bajado tanto que subir a las cuevas requiere una pequeña escalada...

Collado de Cerbillona y las cuevas de Russell...

En agosto de 1882, se completó la primera, que se llamaría Villa de Russell. Pasó allí tres días e invitó a sus amigotes para la inauguración; entre ellos Henri Passet. En 1885 mandó construir la segunda Cueva de los Guías, y luego en 1886, la tercera: la Cueva de las Damas. 120 años más tarde, el glaciar ha bajado tanto que subir a las cuevas requiere de una pequeña escalada…por lo que decidimos continuar el camino y pasar la noche aun más arriba!

Panorama de Clot de la Hount Y Vignemale con la situación de las cuevas...

Subimos a la Pique Longue...

Quizá durante alguna de aquellas “bacanales” en las cuevas inferiores, fue donde Henry pensó que necesitaba una cueva aun más arriba, prácticamente en la cima del Vignemale. Así pues Le Paradis sería construida a golpe de explosivo entre los años 1892 y 1893, 18 metros por debajo de la cima. Habían pasado 30 años desde su primer ascenso y quería celebrar sus “bodas de plata”.

Le Paradis...

Nido de águilas?

La tormenta se hizo esperar, lo justo para subir a la cima, ver atardecer y regresar a nuestro nuevo cobijo para preparar la cena.

Cena de altura!

Se acerca el mogollón...

Alguna gotera hay...

Y la jornada no podía terminar mejor: por la mañana, bien temprano, nos subimos los trastos a la cima y nos preparamos el desayuno con un amanecer estremecedor…y aun siguen preguntándome de vez en cuando qué es lo que encuentro en las montañas…

Momentos mágicos pirenaicos...

Referencias bibliográficas: “Vignemale. El señor del Pirineo” de Alberto Martinez Embid.