S.O.S. Nepal!

Cara sur del Annapurna

Los últimos acontecimientos ocurridos en Nepal duelen especialmente, desde la distancia, a todas las personas que hemos tenido la gran suerte de conocer ese tremendo país lleno de contrastes. En 2008 viajé allí por primera vez  con Zuriñe y nos quedamos enganchados y deseando volver. En 2009 volví para vivir una experiencia algo más intensa, pero igualmente enriquecedora.

Corazón turístico de Kathmandú

Espero que este artículo sirva para dar a conocer un lugar único, con una naturaleza brutal y unas gentes solidarias y encantadoras, que hoy más que nunca necesitan de nuestra ayuda.

Algunas formas de colaborar:

   Proyecto solidario de Iñaki Ochoa de Olza http://www.soshimalaya.org/

   ONG Save the Children http://www.savethechildren.es/

Durante las primeras etapas de nuestro treeking de camino al Base Camp Annapurna (South)

Nepal es por méritos propios la capital mundial del treeking: miles de posibilidades y combinaciones para recorrer sus cautivadores valles rurales y divisar las montañas más altas. Pero quien viaja a Nepal, lo que recuerda cuando vuelve a casa, más que su desbordante naturaleza, es la simpatía de su gente.

Trabajo en tela...

Estas son algunas fotos de nuestro viaje de 2008, recorriendo el treeking del “Annapurna Base Camp”, una de las opciones más cómodas para disfrutar de esta lugar sin complicaciones.

Entorno soberbio del Annapurna

cucharaditas de leche...

Belleza rural...

Machapuchare...

Esperanza?

Tarde de relax

Pura vida!Doubanath

Pura Vida. The Ridge

En octubre de 2008 viajé a Nepal con Zuriñe. Estuvimos disfrutando de un país que nos dejó maravillados; tanto que al siguiente año volvería con 3 amiguetes y con un objetivo bien distinto. Aquel primer viaje nos permitió desconectar de muchas cosas y conocer lugares increíbles. Uno de ellos fue la vertiente sur del Annapurna: una sobrecogedora muralla de aspecto infranqueable.

Paradojas de la vida, aquel mismo año en mayo, en esa impresionante pared, perdía la vida Iñaki Ochoa de Olza, después de agonizar durante 4 noches a 7400 m. La película “Pura Vida. The Ridge” es un precioso relato de lo acontecido en aquel rescate dramático.

Del 19 al 25 de octubre podremos verla en los cines Florida de Gasteiz. Más información en la web oficial: www.puravidatheridge.com

Shisha Pangma (8.027 m).Cara Suroeste “Ruta Británica”. Piolet Kapitaina Espedizioa

A veces la vida nos sorprende con oportunidades únicas que resulta difícil  rechazar.  En otoño de 2009, cuatro amigotes aprovechamos la oportunidad que nosotros mismos habíamos generado aplicando el artículo “y por qué no” de nuestra particular forma de entender la montaña. Apostamos muy duro sin tener ni idea de cual sería el resultado, haciendo caso sólo a nuestras inquietudes. Quizá por eso nos gusta tanto salir a la montaña y vivir aventuras: porque la incertidumbre del resultado hace que estemos más atentos a lo que pasa, más concentrados en el objetivo y sobre todo unidos por la ilusión de alcanzar nuestro sueño.

Cuando regresé de un intento al Gasherbrum2 en 2004, pensé que había quemado una etapa y que jamás volvería a intentar una montaña tan alta. El tiempo pasó y mi ilusión por las montañas creció más y más, y al cabo de cinco años volvió a surgir la chispa de un gran proyecto entre amigos, como mejor saben estas cosas. En esta ocasión no nos conformábamos con una ruta normal y lo que nos ilusionaba era seguir los pasos de los que fueron visionarios en su tiempo y marcaron la pauta de un alpinismo audaz, sólo reservado para unos pocos. A caso no somos clasicómanos empedernidos? Si bien es cierto que Oskar, Chavaris, Txus y yo no les llegábamos ni a la suela del zapato a Scott, McIntyre y Baxter Jones en hazañas deportivas, seguro que nuestro arrojo y pundonor fueron meritorios en esta humilde nueva expedición “Piolet Kapitaina”.

La ruta británica; se ha convertido con el paso de los años en una ruta clásica de dificultad. Realizada en un estilo impecable, en 1982 por 3 de los mejores himalayistas del momento (Roger Baxter Jones, Alex McIntyre y Doug Scott), reserva hoy a los más románticos el poso de una de las grandes ascensiones realizadas en el Himalaya.

La del 82 se consideró el punto de inflexión del alpinismo himaláyico, dando paso a las expediciones ligeras que ascendían grandes rutas sin oxígeno ni sherpas, en un estilo muy limpio. “La Británica” es una ruta directa a la cima que surca la inmensa pared suroeste del Shisha Pangma, con casi 2.500 m de desnivel (desde los 5.800 m del campo 1): muy mantenida en los 45-50º y en ocasiones con secciones de 60-65º.

Nuestra llegada al campo base el 6 de Septiembre de 2009, fue realmente traumática. Nos quedamos literalmente solos en una explanada nevada a 5.200 m, junto con nuestro cocinero nepalí, Comanci, y su ayudante, el joven tibetano Gin-Gi. Desde allí sólo alcanzábamos a ver la cima del Shisha y la base de la pared que pretendíamos escalar, se encontraba a 12 Km de distancia. No cabía duda de que nos quedaba un duro camino por delante.

Y así fue; tanto que sentimos como un verdadero éxito montar nuestras pequeñas tiendas en la base del corredor, a 5.800 m, después de descifrar la mejor forma de alcanzar el campo 1 y portear nuestro equipo hasta allí.

Desde este punto la ruta se me antojaba bastante sencilla, no más complicada que otras actividades que hubiéramos hecho antes; sin embargo, una vez dentro cambiaba la percepción y según se ganaba altura, con los pulmones y el corazón en la boca, los movimientos eran mucho más costosos y el ambiente más severo.

Conocedores de nuestras limitaciones afrontamos nuestro objetivo con 400 metros de cuerda plástica de 8mm para proteger los tramos más expuestos de una forma autónoma; y con el planteamiento de aclimatar montando campos y realizar un ataque a cima, una vez hubiéramos alcanzado los 6.500-7.000 m y descendido al base para descansar antes del ataque definitivo (lo que se venía haciendo con cierta normalidad).

10 días después llegó el poderoso grupo de AlFilo, con Edurne Pasaban, Alex Txikon, Ferran Latorre y Asier Izaguirre: con la logística propia de un equipo tan mediático. Mientras se acomodaban y analizaban su estrategia, nosotros seguíamos a lo nuestro; hasta conseguir, a la tercera, montar el campo 2 (a 6.450 m) y hacer noche en uno de los lugares más increíbles en los que halla estado nunca: el “segundo torreón”.

Para llegar a este punto, recorrimos el cono de entrada del corredor central de la pared, dejando el “vivac Scott” a nuestra izquierda y realizando después una travesía que ponía los pelos de punta: estaba helada como la pata Judas y por ella caían, de vez en cuando, enormes bloques de hielo desde los seracs colgantes del piso de arriba. Aquí instalamos buena parte de nuestra cuerda cutrosa.

Realizada esta travesía la pendiente aumentaba y ascendíamos primero por terreno mixto y después por la parte izquierda del corredor, alcanzando una pendiente de 60-65º justamente en la llegada al Campo2 (a 6.450m). Aquí la cosa se ponía de lo más interesante, pues en aquella temporada había poca nieve y el hielo afloraba nada más empezar a cavar. El resultado fue que nuestras tiendas quedaron literalmente colgando a ambos lados de una arista bastante afilada, haciendo de las tareas cotidianas verdaderos problemas…y es que cagar en aquel nido de águilas se convertía en una tarea de lo más arriesgada.

Alcanzado este punto, pasamos allí una noche terrorífica, asegurados con tornillos de hielo a la arista, y después regresamos al base para descansar y tomar aliento antes de realizar nuestro ataque. Y es que los otros grupos (llegaron después el gurú himaláyico Jean Troillet y más tarde unos jóvenes arrogantes italianos que pretendían una ruta nueva) llevaban un ritmo caribeño…y después del curro que llevábamos hecho…lo suyo era intentarlo, aunque fuera solos!!. Los de AlFilo (Iñaki, Alex, Ferran, Edurne, Toñín y los Sergios), con los que hicimos muy buenas migas y quienes nos prestaron unos walkis para comunicarnos desde arriba, nos animaban con la envidia de vernos tan ilusionados y con tan poco que perder en nuestra apuesta.

Nuestros mensajes desde el teléfono Thuraya (gentileza del “Zeras”) no llegaban a casa; sin embargo, por casualidades de la vida que nunca comprenderemos, nuestro gran amigo Patxi Peña, nos envió el parte de tiempo desde Antoñana, indicándonos una ventanita de buen tiempo para 29 de Septiembre. Increíble ¿no?. El caso es que le hicimos caso (más que a la meteo de Pasaban) y afrontamos nuestro intento hacia aquella mágica fecha.

El 26 de Septiembre, repetíamos por enésima vez el camino que separaba el base del C1, después de nevar la noche del 25, día en el que invitamos a Jean Troillet y a su entrañable compañero Jean-Yves Fredicksen, a bacalao con tomate en nuestro comedor. Las purgas eran constantes durante ese día, debido a la pendiente constante de esta vertiente. Así que nos manteníamos en silencio, cada uno con sus cosas: los nervios de estar en los momentos clave, la incertidumbre del resultado, la impaciencia por empezar,…las ganas de terminar el duro trabajo.

Esa noche en el C1 terminábamos con la caballa precocinada que no pensábamos subir y comprobábamos que los cuervos tibetanos nos habían desgarrado el techo de una de las tiendas.

El 27 de Septiembre, los cuatro mosqueteros recorríamos por última vez este interminable corredor. Llegábamos a los 6.450 metros del segundo torreón y nos preparábamos para pasar la noche más fría, antes de continuar con nuestro intento.

A la mañana siguiente, la del 28 de Septiembre, hacía tanto frío que tuvimos que esperar a que los rayos de sol nos facilitaran la tarea de desmontar la tienda para cargarla para arriba. Entonces Txus soltó lo que nadie quería escuchar…- Yo me bajo. La infección de la ampolla del tobillo me está matando. No puedo seguir así -. Aquello fue algo premonitorio, como en todas esas aventuras que había releído una y otra vez: los desastres comienzan con pequeñas chorradas que se van desencadenando poco a poco.

Primero fue un silencio abrumador, luego el llanto de Txus mientras hacía la mochila y luego el abrazo conjunto en aquella afilada arista. Txus se bajaba porque no podía seguir y nosotros continuábamos con todo para arriba (desmontaríamos una tienda y la subiríamos de campo a campo),…sin embargo, era tan tarde que continuaríamos al día siguiente, después de hacer una segunda noche a 6.450 m.

El 29 de Septiembre era el teórico “summit day” y nosotros comenzábamos la jornada con el sol, después de pasar una noche aún más fría que la anterior y sin nuestro compañero de fatigas. Desde el segundo torreón, se continuaba la arista durante unos cien metros, para volver al centro del corredor, realizando unos metros sobre terreno mixto en un ambiente único. Pasado este tramo una ligera niebla nos fue cubriendo con cierta dulzura. Desde el centro del corredor se apreciaba el estrechamiento a 6.800 metros.

Continuamos por terreno tieso, hasta anclar una reunión en la banda rocosa (en torno a los 6.800 m) en donde comienza una travesía que supera un estrechamiento muy empinado y que nos depositaría debajo de los seracs que dan acceso a la goulotte Scott. Chaváris avanzaba lentamente con un pundonor de esos que hacen afición, entre la niebla, a trompicones al resbalar con el hielo,…ajeno a nuestras elucubraciones.

Oskar y yo empezábamos a ver con preocupación cómo el tiempo se nos echaba encima y aún no habíamos llegado a ningún punto en el que poder pasar la noche. Con el ritmo que llevábamos nos jugábamos un vivac, y eso era algo que no queríamos hacer. Chavaris no tardó en entrar en razón y asumir la situación: – hasta aquí hemos llegado. Lo hemos intentado y no lo hemos conseguido…Ahora tocaba destrepar, después de 9 horas de pelea, y volver a montar la V-25 que tanto nos había costado pasear a 6.800 metros.

Ya de noche alcanzamos el C2 y nos cobijamos en la tienda sin poner el sobre-toldo…estábamos descojonados, tristes y nos disponíamos a pasar una tercera noche a 6.450 metros.

Desde aquí, tardaríamos otros dos días en llegar al base cargados hasta reventar, con una fina nevada que parecía dulcificar nuestra frustración. Íbamos tan cargados que tuvimos que pedir a Gin-Gi que se acercara con su amigo Lam-Pa a ayudarnos.

Nuestra aventura terminaba y nada más llegar al base se iniciaba un periodo de nevadas que impediría al resto de equipos afrontar esta pared. Nos íbamos habiéndolo intentado, con la cabeza alta y la sensación de no haber tenido mucha suerte.

Gasherbrum2 (8.035m): Piolet Kapitaina Espedizioa

2004/06/26

En 2004 se me presentó la oportunidad que siempre había soñado: participar en una expedición a un ochomil. Mi amigo Karioko, con el que había dado mis primeros pasos en la montaña, se convirtió en el gancho perfecto para formar parte de un grupo de amigos, antes que alpinistas. Durante algo más de año y medio pasamos a ser un grupo sólido que salía a los Piris a entrenar con el hambre de quien humildemente quiere ser merecedor de una gran montaña. Nuestra experiencia en altura era muy diversa; yo ya había ascendido el Aconcagua en el 2000 y mis compañeros ya habían hehco alguna incursión en las inmensidades de Pakistán. El caso es que Mikel, Amado, Aitor, Luken, Bittor y yo pusimos nuestras ilusiones en el Gasherbrum2, de 8.035 metros de altitud, enclavado en uno de los rincones más espectaculares de la Tierra: el Karakorum. Nuestra expedición, gracias a la inestimable aportación artística de Montxo, pasó a llamarse “Piolet Kapitaina” y encarnaba a la perfección el espíritu del grupo…

Aquellos tiempos fueron muy fructíferos y tuvimos la oportunidad de patear buena parte de las rutas clásicas del Pirineo en invierno,  eso sí con pesadas mochilas que pasaron a formar parte de nuestra anatomía; otra cosa era el careto que llevábamos los lunes al curro, después de haber llegado a las tantas el día anterior con una soba de escándalo…de tanto que entrenamos llegué a pensar que podríamos tener problemas de bajones y sobreentrenamiento…

Aquel año se celebraba el 50 aniversario de la primera ascensión al K2, a cargo de los italianos Lino Lacedelli y Achille Compagnoni y el glaciar del Baltoro estaba petado de expediciones y treekings, lo que hacía que no hubiera porteadores suficientes para acarrear la carga de todas las expediciones. Aquello era un pupurri y nosotros estábamos allí metidos, con los ojos bien abiertos para no perder detalle de todo lo que se cocía con tanto “lolo” suelto: revistas, programas de televisión, personajes de leyenda, grandes alpinistas, aspirantes a alpinistas, curiosos, paketes, etc…en Concordia, punto de confluencia de los glaciares Baltoro y Godwin-Austen, dimos la espalda a aquel “circo mediático” para encarar nuestro objetivo, el Gasherbrum2.

Esta montaña se encuentra situada en un bello y recóndito circo, al fondo del glaciar de los gasherbrums, junto a montañas tan ilustres como el GI o Hiden Peak de 8.068 metros, el GIII o el todopoderoso GIV de 7.925 metros.

La primera ascensión del GII data del 1956, a cargo de una expedición austriaca formada por Sepp Larch, Fritz Moravec y Hans Willempart, por su arista suroeste. 19 años después se realizaría la segunda ascensión a cargo de una expedición francesa que escaló el hoy llamado espolón de los franceses, a la derecha de la ruta normal. Y la nuestra… sería una de las muchas expediciones que cada año acosan a esta “accesible” montaña.

Nuestra llegada al campo base fue bastante atropellada porque estaba nevando mucho desde hacía días, parte de los porteadores se negaron a continuar y porque nos faltaba buena parte de nuestro equipo, además de sufrir muchos de nosotros una molesta gastroenteritis.

Aún así salimos al día siguiente para conocer el glaciar y hacer un depósito de material a mitad de camino. Poco a poco fuimos aclimatando y ganando terreno (CI, CII,…), a base de recorrer una y otra vez el mismo camino que separaba, en aproximadamente 5 horas, el campo base (5.200 m) del campo 1 (6.000 m), con pesadas mochilas que llevaban artículos tan variados como jamón serrano, cargas de gas o latas de conservas. Sin duda alguna, nuestra expedición era la que más comida llevaba (en Kgs, lo mismo que un grupo de 12 personas).

Era habitual que entre día y día de trabajo una nevadita borrara las huellas…recuerdo uno en concreto, que después de que hubiéramos instalado nuestro CII, cayó una nevada interesante y al volver a los dos días, el resto de expediciones nos esperaba para localizar las cuerdas enterradas.

Una vez habíamos alcanzado los 6.500 del campo II y aproximado hasta los 6.800 metros, justo debajo de un serac que da acceso al CIII, a 7.000 m; el pronóstico meteorológico cambió y con él mis esperanzas de cumplir mi segundo sueño de hacer cima. Venía un marrón interesante, según nos indicaba Luken desde el base, y se quedaría muchos días…así que bajamos, una vez más al base.

El tiempo pasó y la predicción se cumplió, tanto que otras expediciones decidieron volverse, dejándonos en los avances de nuestras tiendas, la comida que les sobraba: “maldita la gracia!, cada uno que se baje lo suyo, no?”.

La estancia en el base, viendo todos los días nevar, era dantesca; aquello parecía Stalingrado, en el invierno más frío del conflicto entre alemanes y soviéticos, durante la segunda guerra mundial. Al cabo del día podíamos repetir más de 100 veces las fechas elegidas para nuestro intento; y según pasaban los días, esas fechas se iban modificando y retrasando,…hasta no cuadrar en el plan de días.

Amado, Mikel y Bittor decidieron retrasar sus vuelos, esperando que una tregua en el tiempo les diera opciones para hacer un intento. Yo no podía retrasar el mío pues mis días de vacaciones ya los había alargado antes de venir…El 19 de Julio seguía nevando y mi intención de hacer un intento con Aitor se esfumó después de cenar…en aquel momento, mi particular aventura finalizaba y lo único que esperaba era que mis compañeros tuvieran mejor suerte que yo. Me eché una buena llorera en mi tienda…

El 24 de Julio, nuestros caminos se separaron: unos tiraron para arriba con la incertidumbre de quien intenta a la desesperada una montaña en la que ha estado nevando durante una semana; y otros tiramos para abajo, tristes al aceptar no haber tenido posibilidad alguna de realizar un ataque; mirando atrás de reojo aquellas imponentes montañas que empezaban a formar parte de nuestros recuerdos.

El día 26 de Julio, alcanzábamos Luken, Aitor y yo el collado de GondogoroLa (5.600 m) en nuestro camino de retorno hacia la aldea de Hushe y alegrábamos la vista divisando un horizonte plagado de increíbles montañas (Torre Muztang, K2, Broad Peak, GIV, GII, GI, Chogolisa,…); y en aquel preciso momento, y sin saberlo, Amado, Mikel y Bittor pisaban la cima del Gasherbrum2: toda una victoria para una expedición humilde y que había luchado hasta el final.

Así terminó una gran experiencia para mí, plagada de anécdotas, buenas farras en el base, ilusión, sacrificio, madrugones, frío, pena y grandes amigos, con los que hoy en día sigo disfrutando de la montaña…Una experiencia que me sirvió para aprender que la ilusión de un grupo de amigos puede mover montañas; y que la crueldad de la meteo puede llegar a quitarte las ganas de pasar por un trago igual.