Shisha Pangma (8.027 m).Cara Suroeste “Ruta Británica”. Piolet Kapitaina Espedizioa

A veces la vida nos sorprende con oportunidades únicas que resulta difícil  rechazar.  En otoño de 2009, cuatro amigotes aprovechamos la oportunidad que nosotros mismos habíamos generado aplicando el artículo “y por qué no” de nuestra particular forma de entender la montaña. Apostamos muy duro sin tener ni idea de cual sería el resultado, haciendo caso sólo a nuestras inquietudes. Quizá por eso nos gusta tanto salir a la montaña y vivir aventuras: porque la incertidumbre del resultado hace que estemos más atentos a lo que pasa, más concentrados en el objetivo y sobre todo unidos por la ilusión de alcanzar nuestro sueño.

Cuando regresé de un intento al Gasherbrum2 en 2004, pensé que había quemado una etapa y que jamás volvería a intentar una montaña tan alta. El tiempo pasó y mi ilusión por las montañas creció más y más, y al cabo de cinco años volvió a surgir la chispa de un gran proyecto entre amigos, como mejor saben estas cosas. En esta ocasión no nos conformábamos con una ruta normal y lo que nos ilusionaba era seguir los pasos de los que fueron visionarios en su tiempo y marcaron la pauta de un alpinismo audaz, sólo reservado para unos pocos. A caso no somos clasicómanos empedernidos? Si bien es cierto que Oskar, Chavaris, Txus y yo no les llegábamos ni a la suela del zapato a Scott, McIntyre y Baxter Jones en hazañas deportivas, seguro que nuestro arrojo y pundonor fueron meritorios en esta humilde nueva expedición “Piolet Kapitaina”.

La ruta británica; se ha convertido con el paso de los años en una ruta clásica de dificultad. Realizada en un estilo impecable, en 1982 por 3 de los mejores himalayistas del momento (Roger Baxter Jones, Alex McIntyre y Doug Scott), reserva hoy a los más románticos el poso de una de las grandes ascensiones realizadas en el Himalaya.

La del 82 se consideró el punto de inflexión del alpinismo himaláyico, dando paso a las expediciones ligeras que ascendían grandes rutas sin oxígeno ni sherpas, en un estilo muy limpio. “La Británica” es una ruta directa a la cima que surca la inmensa pared suroeste del Shisha Pangma, con casi 2.500 m de desnivel (desde los 5.800 m del campo 1): muy mantenida en los 45-50º y en ocasiones con secciones de 60-65º.

Nuestra llegada al campo base el 6 de Septiembre de 2009, fue realmente traumática. Nos quedamos literalmente solos en una explanada nevada a 5.200 m, junto con nuestro cocinero nepalí, Comanci, y su ayudante, el joven tibetano Gin-Gi. Desde allí sólo alcanzábamos a ver la cima del Shisha y la base de la pared que pretendíamos escalar, se encontraba a 12 Km de distancia. No cabía duda de que nos quedaba un duro camino por delante.

Y así fue; tanto que sentimos como un verdadero éxito montar nuestras pequeñas tiendas en la base del corredor, a 5.800 m, después de descifrar la mejor forma de alcanzar el campo 1 y portear nuestro equipo hasta allí.

Desde este punto la ruta se me antojaba bastante sencilla, no más complicada que otras actividades que hubiéramos hecho antes; sin embargo, una vez dentro cambiaba la percepción y según se ganaba altura, con los pulmones y el corazón en la boca, los movimientos eran mucho más costosos y el ambiente más severo.

Conocedores de nuestras limitaciones afrontamos nuestro objetivo con 400 metros de cuerda plástica de 8mm para proteger los tramos más expuestos de una forma autónoma; y con el planteamiento de aclimatar montando campos y realizar un ataque a cima, una vez hubiéramos alcanzado los 6.500-7.000 m y descendido al base para descansar antes del ataque definitivo (lo que se venía haciendo con cierta normalidad).

10 días después llegó el poderoso grupo de AlFilo, con Edurne Pasaban, Alex Txikon, Ferran Latorre y Asier Izaguirre: con la logística propia de un equipo tan mediático. Mientras se acomodaban y analizaban su estrategia, nosotros seguíamos a lo nuestro; hasta conseguir, a la tercera, montar el campo 2 (a 6.450 m) y hacer noche en uno de los lugares más increíbles en los que halla estado nunca: el “segundo torreón”.

Para llegar a este punto, recorrimos el cono de entrada del corredor central de la pared, dejando el “vivac Scott” a nuestra izquierda y realizando después una travesía que ponía los pelos de punta: estaba helada como la pata Judas y por ella caían, de vez en cuando, enormes bloques de hielo desde los seracs colgantes del piso de arriba. Aquí instalamos buena parte de nuestra cuerda cutrosa.

Realizada esta travesía la pendiente aumentaba y ascendíamos primero por terreno mixto y después por la parte izquierda del corredor, alcanzando una pendiente de 60-65º justamente en la llegada al Campo2 (a 6.450m). Aquí la cosa se ponía de lo más interesante, pues en aquella temporada había poca nieve y el hielo afloraba nada más empezar a cavar. El resultado fue que nuestras tiendas quedaron literalmente colgando a ambos lados de una arista bastante afilada, haciendo de las tareas cotidianas verdaderos problemas…y es que cagar en aquel nido de águilas se convertía en una tarea de lo más arriesgada.

Alcanzado este punto, pasamos allí una noche terrorífica, asegurados con tornillos de hielo a la arista, y después regresamos al base para descansar y tomar aliento antes de realizar nuestro ataque. Y es que los otros grupos (llegaron después el gurú himaláyico Jean Troillet y más tarde unos jóvenes arrogantes italianos que pretendían una ruta nueva) llevaban un ritmo caribeño…y después del curro que llevábamos hecho…lo suyo era intentarlo, aunque fuera solos!!. Los de AlFilo (Iñaki, Alex, Ferran, Edurne, Toñín y los Sergios), con los que hicimos muy buenas migas y quienes nos prestaron unos walkis para comunicarnos desde arriba, nos animaban con la envidia de vernos tan ilusionados y con tan poco que perder en nuestra apuesta.

Nuestros mensajes desde el teléfono Thuraya (gentileza del “Zeras”) no llegaban a casa; sin embargo, por casualidades de la vida que nunca comprenderemos, nuestro gran amigo Patxi Peña, nos envió el parte de tiempo desde Antoñana, indicándonos una ventanita de buen tiempo para 29 de Septiembre. Increíble ¿no?. El caso es que le hicimos caso (más que a la meteo de Pasaban) y afrontamos nuestro intento hacia aquella mágica fecha.

El 26 de Septiembre, repetíamos por enésima vez el camino que separaba el base del C1, después de nevar la noche del 25, día en el que invitamos a Jean Troillet y a su entrañable compañero Jean-Yves Fredicksen, a bacalao con tomate en nuestro comedor. Las purgas eran constantes durante ese día, debido a la pendiente constante de esta vertiente. Así que nos manteníamos en silencio, cada uno con sus cosas: los nervios de estar en los momentos clave, la incertidumbre del resultado, la impaciencia por empezar,…las ganas de terminar el duro trabajo.

Esa noche en el C1 terminábamos con la caballa precocinada que no pensábamos subir y comprobábamos que los cuervos tibetanos nos habían desgarrado el techo de una de las tiendas.

El 27 de Septiembre, los cuatro mosqueteros recorríamos por última vez este interminable corredor. Llegábamos a los 6.450 metros del segundo torreón y nos preparábamos para pasar la noche más fría, antes de continuar con nuestro intento.

A la mañana siguiente, la del 28 de Septiembre, hacía tanto frío que tuvimos que esperar a que los rayos de sol nos facilitaran la tarea de desmontar la tienda para cargarla para arriba. Entonces Txus soltó lo que nadie quería escuchar…- Yo me bajo. La infección de la ampolla del tobillo me está matando. No puedo seguir así -. Aquello fue algo premonitorio, como en todas esas aventuras que había releído una y otra vez: los desastres comienzan con pequeñas chorradas que se van desencadenando poco a poco.

Primero fue un silencio abrumador, luego el llanto de Txus mientras hacía la mochila y luego el abrazo conjunto en aquella afilada arista. Txus se bajaba porque no podía seguir y nosotros continuábamos con todo para arriba (desmontaríamos una tienda y la subiríamos de campo a campo),…sin embargo, era tan tarde que continuaríamos al día siguiente, después de hacer una segunda noche a 6.450 m.

El 29 de Septiembre era el teórico “summit day” y nosotros comenzábamos la jornada con el sol, después de pasar una noche aún más fría que la anterior y sin nuestro compañero de fatigas. Desde el segundo torreón, se continuaba la arista durante unos cien metros, para volver al centro del corredor, realizando unos metros sobre terreno mixto en un ambiente único. Pasado este tramo una ligera niebla nos fue cubriendo con cierta dulzura. Desde el centro del corredor se apreciaba el estrechamiento a 6.800 metros.

Continuamos por terreno tieso, hasta anclar una reunión en la banda rocosa (en torno a los 6.800 m) en donde comienza una travesía que supera un estrechamiento muy empinado y que nos depositaría debajo de los seracs que dan acceso a la goulotte Scott. Chaváris avanzaba lentamente con un pundonor de esos que hacen afición, entre la niebla, a trompicones al resbalar con el hielo,…ajeno a nuestras elucubraciones.

Oskar y yo empezábamos a ver con preocupación cómo el tiempo se nos echaba encima y aún no habíamos llegado a ningún punto en el que poder pasar la noche. Con el ritmo que llevábamos nos jugábamos un vivac, y eso era algo que no queríamos hacer. Chavaris no tardó en entrar en razón y asumir la situación: – hasta aquí hemos llegado. Lo hemos intentado y no lo hemos conseguido…Ahora tocaba destrepar, después de 9 horas de pelea, y volver a montar la V-25 que tanto nos había costado pasear a 6.800 metros.

Ya de noche alcanzamos el C2 y nos cobijamos en la tienda sin poner el sobre-toldo…estábamos descojonados, tristes y nos disponíamos a pasar una tercera noche a 6.450 metros.

Desde aquí, tardaríamos otros dos días en llegar al base cargados hasta reventar, con una fina nevada que parecía dulcificar nuestra frustración. Íbamos tan cargados que tuvimos que pedir a Gin-Gi que se acercara con su amigo Lam-Pa a ayudarnos.

Nuestra aventura terminaba y nada más llegar al base se iniciaba un periodo de nevadas que impediría al resto de equipos afrontar esta pared. Nos íbamos habiéndolo intentado, con la cabeza alta y la sensación de no haber tenido mucha suerte.